Los Hospitales y yo.
Los Hospitales.
Ayer noche vi un programa de tv, sobre Hospitales en servicio ante la Epidemia, "En primera linea".
No quería seguir viéndolo pero no pude dejarlo, con un nudo tras otro y los ojos empañados...como cada día que pienso en las personas que están dando todo, donde se concentran enfermos y personal socio-sanitario, trabajadores de todas las categorías, esforzándose en servir y seguir afrontando esta crisis vital y especial.
También mi admiración por ese trabajo intenso y arriesgado me reconfortó.
Ahora por la fuerza, por esta epidemia que nos cambia la vida, vemos más la profesión y la dedicación preciosa de ser sanitarios.
Y yo...
He recordado mi época de estudiante trabajando de auxiliar de clínica en el Hospital Reina Sofía de Córdoba.
Recuerdo los meses de contrato cuando me tocó ir a la UCI y lo apurada que lo pasé en un servicio tan específico, tan difícil y con tanta carga de trabajo. Me admiraba estar con enfermeras tan dedicadas y preparadas.
El trabajo en Planta era más en contacto con los enfermos, pero mi suerte fueron los largos contratos en Quirófano, con anécdotas estupendas con las compañeras excepcionales que me tocaron. Lo especializado aseguraba el trabajo para bajas y vacaciones. Trabajé en diferentes servicios; Urología, Medicina Interna, voceando los nombres de los pacientes en la puerta de Consultas Externas, Quirófanos Programado y de Urgencias, Partos, Prematuros...
El verano que acabé la carrera, pasé de auxiliar un mes a otro de médico en un Ambulatorio. Uno de los camareros del hospital entró en la consulta y se paró en seco extrañado. "Si, soy yo la del café con leche y media tostada de cada día..." le dije.
Mi debut de "medico" fue angustioso. Me quedaba sola en consulta incapaz de "pasar",que era lo que se hacía en la época a más de setenta números (eso eras los pacientes) en dos horas que disponía cada médico con una enfermera. Era el Seguro Obligatorio de Enfermedad, S.O.E. de la época que yo llamaba "el SOEZ", afortunadamente nada que ver con lo actual, ni con mi experiencia cuando gané la oposición y tuve una consulta de pueblo sola para mi.
Al mes siguiente del contrato del "SOEZ"otra vez al Hospital, ¡que bueno!.
Trabajar en el hospital desde cuarto curso de carrera fue como sacar una beca, que nos permitió acabar la licenciatura y traer al mundo a nuestro primer hijo, después de seis años casados.
Costó mucho conseguir el primer contrato; días y días de ir al despacho de la enfermera jefe y sus despiadadas adjuntas y por ultimo acudir al Catedrático y jefe de Medicina Interna D. José Jimenez Pere-Perez, que nos avaló. Le debemos a D. José unas migas prometidas si acabábamos la Carrera, ya serán en el Cielo, D. José, no le olvido.
Fui de las primeras personas que cobraron el paro en los meses que no había sustituciones y aunque con la dificultad de que los contratos aparecían más en época de exámenes, para mi era un mundo vivir el hospital desde dentro.
Me encantaba ir a la cafetería con mis compañeras o tomar algo en el hospital si iba con otro motivo. Hace unas semanas estuve en el Reina Sofía y lo recordé porque ahora me sucede lo contrario, no me gustan las cafeterías de los hospitales, han cambiado ellas y he cambiado yo.
Una magnifica experiencia hospitalaria y de vida, que esta en mi y que se irá con mi alma.
Ayer noche vi un programa de tv, sobre Hospitales en servicio ante la Epidemia, "En primera linea".
No quería seguir viéndolo pero no pude dejarlo, con un nudo tras otro y los ojos empañados...como cada día que pienso en las personas que están dando todo, donde se concentran enfermos y personal socio-sanitario, trabajadores de todas las categorías, esforzándose en servir y seguir afrontando esta crisis vital y especial.
También mi admiración por ese trabajo intenso y arriesgado me reconfortó.
Ahora por la fuerza, por esta epidemia que nos cambia la vida, vemos más la profesión y la dedicación preciosa de ser sanitarios.
Y yo...
He recordado mi época de estudiante trabajando de auxiliar de clínica en el Hospital Reina Sofía de Córdoba.
Recuerdo los meses de contrato cuando me tocó ir a la UCI y lo apurada que lo pasé en un servicio tan específico, tan difícil y con tanta carga de trabajo. Me admiraba estar con enfermeras tan dedicadas y preparadas.
El trabajo en Planta era más en contacto con los enfermos, pero mi suerte fueron los largos contratos en Quirófano, con anécdotas estupendas con las compañeras excepcionales que me tocaron. Lo especializado aseguraba el trabajo para bajas y vacaciones. Trabajé en diferentes servicios; Urología, Medicina Interna, voceando los nombres de los pacientes en la puerta de Consultas Externas, Quirófanos Programado y de Urgencias, Partos, Prematuros...
El verano que acabé la carrera, pasé de auxiliar un mes a otro de médico en un Ambulatorio. Uno de los camareros del hospital entró en la consulta y se paró en seco extrañado. "Si, soy yo la del café con leche y media tostada de cada día..." le dije.
Mi debut de "medico" fue angustioso. Me quedaba sola en consulta incapaz de "pasar",que era lo que se hacía en la época a más de setenta números (eso eras los pacientes) en dos horas que disponía cada médico con una enfermera. Era el Seguro Obligatorio de Enfermedad, S.O.E. de la época que yo llamaba "el SOEZ", afortunadamente nada que ver con lo actual, ni con mi experiencia cuando gané la oposición y tuve una consulta de pueblo sola para mi.
Al mes siguiente del contrato del "SOEZ"otra vez al Hospital, ¡que bueno!.
Trabajar en el hospital desde cuarto curso de carrera fue como sacar una beca, que nos permitió acabar la licenciatura y traer al mundo a nuestro primer hijo, después de seis años casados.
Costó mucho conseguir el primer contrato; días y días de ir al despacho de la enfermera jefe y sus despiadadas adjuntas y por ultimo acudir al Catedrático y jefe de Medicina Interna D. José Jimenez Pere-Perez, que nos avaló. Le debemos a D. José unas migas prometidas si acabábamos la Carrera, ya serán en el Cielo, D. José, no le olvido.
Fui de las primeras personas que cobraron el paro en los meses que no había sustituciones y aunque con la dificultad de que los contratos aparecían más en época de exámenes, para mi era un mundo vivir el hospital desde dentro.
Me encantaba ir a la cafetería con mis compañeras o tomar algo en el hospital si iba con otro motivo. Hace unas semanas estuve en el Reina Sofía y lo recordé porque ahora me sucede lo contrario, no me gustan las cafeterías de los hospitales, han cambiado ellas y he cambiado yo.
Una magnifica experiencia hospitalaria y de vida, que esta en mi y que se irá con mi alma.
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