Viajar sola a Turquía. 27 de Septiembre 2006. Algo he cambiado...

Viajar sola y a Turquía, doble experiencia. Sep. de 2006 Tengo entre las cosas que me dificultan la vida una especie de inercia física y mental a cambiar de situación. Se manifiesta de muchas formas y para diferentes realidades o circunstancias. Esa "cosa" que me pasa, acompañada de mi mala percepción del paso del tiempo, me "ayuda" a llegar tarde a los sitios, a no aprovechar ocasiones y en algún episodio de mi vida a experiencias que ahora no quiero rememorar porque me provoca disgusto y "estar harta de mi misma" una vez más, y no quiero que esto ande por esos derroteros. Es fácil entender lo complicado que me resulta cambiar la rutina y más preparar un viaje, con esa "cosa" que siento como si me pesara el estómago y las piernas…Se me aturde la cabeza, y se me ocurren todas las cosas que podría hacer en el sitio que estoy, pero con dificultad para moverme…Me cuesta hacer el equipaje, decidir lo que necesito, pierdo el sueño la noche anterior y el humor se me pone irascible y somatizo en estupendas jaquecas que me hacen temer los pródromos del cambio. Es como si para cada movimiento físico o mental arrastrara unos buenos sacos de arena… A pesar de todo esto, he cambiado muchas cosas en mi vida y he viajado, seguramente por la suerte de tener personas a mí alrededor que me han "soportado" y querido. Se puede suponer que planear con esquemas rígidos, y horarios estrictos añade ansiedad y perjuicios a mi predisposición a viajar… Bien, pues a pesar de todo esto y más que no voy a analizar, ¡ta channn! Este año he viajado solita a Turquía, con esquemas rígidos y horarios estrictos, durmiendo poco, madrugando más de lo debido en vacaciones, apurando mis fuerzas, con menstruación incluida (la mas internacional de mi vida), sin entender ni turco, ni ingles… Y como dicen en Castro"asovispá", que debe ser algo así como estar entre alerta e inquieta, como cuando te rondan las avispas. He vuelto con amigos y buenos ratos del viaje, y con los ojos llenos de paisajes, edificios, historias, olores y sensaciones, que hacen merecer la pena. Los guías nos decían que la vida del turista es muy dura,¡ vaya que sí!. Empecé a plantear las vacaciones al principio del verano, pensando en hacer algo diferente en los días que preveía que no coincidiría con Pedro, ya que él lo que si parecía tener claro era que se iba de campamento con los scauts, y no parecía tener interés en hacer ningún viaje, ni últimamente aprovecha ni busca momentos de pareja. El año anterior, salvo el recorrido de recuerdos de infancia de mi marido con los amigos en Caudete, desperdicié parte de mi segunda quincena en casa. Como me siento poco mimada, desde el inicio del verano me propuse ir de reposo y salud, o de viaje con destino que decidí tres semanas antes de salir alentada por Cristóbal, el marido de una compañera que se dedica a gestionar viajes. Preparar y salir como siempre una odisea; me cambiaron el plan de vuelo, perdí el bus a Madrid, tuve que cambiar a tren AVE, si de poco me multan al ir a dejar el Citroén, y para colmo al aparcar el firme de la acera estaba elevado por las raíces de un árbol, y encajé el morro del coche que resultó dañado por los bajos con consecuencias aún en curso. ¡El coche de Pedro con los bajos rotos y yo de viaje…! Ese día tuve momentos de echarme a llorar. Superé la melancolía y el desvalimiento que me producen las estaciones y los sitios de transporte, y empecé el viaje con lo que es mi sino, entrar la última al avión y no porque llegara tarde (lo juro); el pasaje se había completado antes de lo previsto y una azafata a la que expliqué que viajaba sola y sin experiencia me buscó y me sorprendió llamándome por mi nombre para llevarme al lugar de embarque, al que me dirigía y que yo no localizaba. Todos estaban colocados cuando entré por el pasillo del avión. Escala en El Prat y de nuevo la emoción de la carrerilla del aparato para el despegue. Pensé en mi hijo Pedro al visualizar Barcelona. Era el primer viaje aéreo de noche, los paisajes se adivinan por el conjunto de luces como guirnaldas, como un punteado de colorines, y esa noche de luna llena el mar con su reflejo. Un lujo para mí. Ese día que se prolongó hasta las seis de la mañana, fantasee con la gente que veía en el aeropuerto, y en el avión suponiendo sus historias, y experimenté con total conciencia, la soledad de hablar conmigo misma en el pensamiento a falta de compañía. Se me fueron a hacer nudos en la garganta pero no los dejé. Necesitaba estar alerta. El guía que nos recibió a las tres de la madrugada de aquí y las cuatro de allí, nos pasó por los visados y nos llevó a los hoteles, nos citó a las ocho, dos horas escasas de descanso. La vida del turista es muy dura. En el ambiente se oían la llamada que hacen desde las mezquitas cantando para la oración cuando levanta el alba, estaba en Turquía. Otro episodio "señalado" fue el de la vuelta. Me decían en el Centro de Salud que después de tres días trabajando ya se notan las vacaciones "como olvidadas"... Contesté que al menos este año para mí no era así, primero porque es absurdo olvidarse de los buenos ratos que te animan a seguir esta vida a veces monótona. Lo bueno hay que buscarlo, porque lo malo viene solo. Y además este Septiembre con unas experiencias totalmente nuevas; "Viajar sola" y conocer unos lugares "exóticos, históricos, lejanos y de cuentos de las mil y una noches..." Traer fotos, recuerdos y amigos...Unas buenas razones para no olvidar. Os contaré que la providencia me protege, porque justo al llegar en Madrid a la puerta del edificio donde viven mis amigos, noté un dolor de barriga y un escalofrío señalando las bragas con el inicio de una diarrea que duró dos días acompañada de fiebre de hasta 39º. Llamé a Lala por el móvil, para que me abriera todas las puertas necesarias, con el culo apretado, como ya imaginareis. Así que la propina de estar con ellos en Madrid y visitar la Capital se transformó en cama reposo y líquidos. Aunque también de forma providencial, ya que en mi casa , hubiera hecho difícil la recuperación digestiva y mental, con mi hijo adolescente amigos y primo en toque de marcha y feria local, el otro estudiando, la señora que ayuda en casa y el teléfono preguntando por cuando se incorpora a la vida normal una servidora… Ya quedé con mis amigos en que la próxima enfermedad, pediría tomar un tren a su casa para reponerme. La noche que llegué a Madrid, salvo tres o cuatro incursiones al aseo, dormí diez y siete horas seguidas, algo inaudito en mí, ¿como estaría mi cuerpo? Además se me desinflaron las piernas, y al llegar a Castro había perdido unos tres kilos de peso. Dentro de la dificultad, la suerte y la providencia siempre me hacen dar gracias. (No sé porqué me siento agnóstica con tantos "milagros"...) Iré escribiendo algunas cosillas de lo que ví en el viaje para contaros, si no os canso. Besitos de María- Félix

Comentarios

Entradas populares de este blog

A cuento de encuentros con la obra de Gloria Fuertes

"La isla del aire". Teatro y recompensas por la edad

"Hermano te mando este almanaque que al verlo pensé en ti" 70 años en 2025.